Una alianza oscura: la Unión Europea une fuerzas con Wall Street

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16/08/2014 by Don Quijones

Sin que la gran mayoría de europeos y estadounidenses tengan conocimiento de ello, las negociaciones para diluir significativamente todas las formas de regulación financiera en ambos lados del Atlántico se encuentran en un estado muy avanzado. Estas negociaciones -a puerta cerrada- están siendo llevadas a cabo por la Asociación Transatlántica para el Comercio y la Inversión, ATCI, (Transatlantic Trade and Investment Partnership, TTIP).

Sin embargo, y contrariamente a lo que la sabiduría popular pudiera pensar, no es el gobierno de EE.UU. quien lidera el ataque sino más bien una alianza impía entre la Comisión Europea, Wall Street y la City de Londres. De acuerdo con Corporate Europe Observatory, una de las pocas organizaciones que informan sobre las filtraciones más recientes de la ATCI, para entender estos nuevos acontecimientos uno debe primero tener en cuenta el contexto político y de regulación, tanto en Europa como en EE.UU.:

La UE está a punto de concluir un programa de reformas tras las secuelas de la crisis financiera de 2008 con un conjunto de normas que son más débiles aún que las de EE.UU. en áreas clave tales como la regulación bancaria. Algo que ya ha sido fuente de fricción entre los dos bloques.

Quizá, el ejemplo más conocido sea el intento de la filial del Deutsche Bank en EE.UU. de seguir las normas estadounidenses sobre las reservas de capital (que exigen a las empresas apartar una proporción del capital disponible para evitar riesgos de colapso o de rescate)… Teniendo en cuenta que el Deutsche Bank fue uno de los mayores receptores de dinero del rescate de las autoridades estadounidenses a raíz de la quiebra de Lehman Brothers y la gigantesca aseguradora AIG, una demanda que acate las normas estadounidenses sobre los requerimientos de capital parece algo totalmente legítimo. Pero esto es algo que resienten la Comisión Europea y las corporaciones financieras, tal como lo son otras normas a las que están sujetos los bancos de la UE en los EE.UU. 

La razón principal por la que la Comisión Europea es reticente a que los bancos europeos como el Deutsche tengan que operar bajo las nuevas normas estadounidenses es que están lamentablemente descapitalizados en comparación con los bancos estadounidenses, los cuales, a su vez, están preocupantemente poco capitalizados. No es casualidad que los principales banqueros del banco central, el Banco de Pagos Internacionales, decidiera a principios de este año  “aligerar” las reglas de coeficiente de apalancamiento puesto que hubieran obligado a los bancos europeos a mantener un capital equivalente al 3 por ciento (así es; un miserable tres por ciento!) de sus activos totales.

Una alianza torcida

En su intento de torcerle el brazo al gobierno de los EE.UU., en cuanto a regulaciones bancarias se refiere, la Comisión está cediendo a la presión, tanto de los bancos domésticos europeos como de sus “competidores” (¡ja!) del otro lado del charco. A los “demasiado-grandes-para-quebrar” bancos de EE.UU. y Europa nada les gustaría más que torpedear los últimos esfuerzos del gobierno de EE.UU. para regular con mayor eficacia el sector.

Ese agujero negro regulador conocido comúnmente como la City de Londres también parece jugar un papel de primera línea en las negociaciones. Richard Normington, gerente decano de Política y Asuntos Públicos de la City de Londres,  poderoso lobby británico de presión, quien había promovido sin reservas el planteamiento de la Comisión, recientemente se jactó de que una de las propuestas políticas de la Comisión, “reflejaba tan claramente el enfoque de TheCityUK (uno de los grandes lobbies británicos), que cualquiera hubiera pensado que se trataba directamente de nuestro folleto de la ATCI”.

Esta alianza entre los negociadores de la UE y los grupos financieros de presión se concentra ahora en la opción a largo plazo de “la cooperación reguladora”, que se propone establecer un proceso continuo que “lime” los desacuerdos, divergencias y diferencias técnicas entre las normativas de los dos bloques. En otras palabras, sus efectos se prolongarían mucho después de que el acuerdo ATCI se haya concluido.

Hay que tenérselo en cuenta; el gobierno de EE.UU. sigue manteniéndose firme contra la presión de la UE. El secretario del Tesoro de los EE.UU. Jack Lew, ha declarado en repetidas ocasiones que él se opuso a la inclusión de la regulación financiera en la ATCI con el argumento de que “normalmente en un acuerdo comercial, la presión es para bajar los estándares en cosas como la regulación financiera o las regulaciones medioambientales o laborales”. También dijo que EE.UU. “no permitiría que estos acuerdos sirvieran como oportunidad para diluir las regulaciones financieras nacionales”, o “disminuir el impacto de las medidas que hemos tomado para salvaguardar la economía de los EE.UU.”

Sin embargo, dada la frecuencia y la facilidad con que la Administración Obama ha cedido a las demandas de Wall Street desde la crisis financiera, es probablemente sólo una cuestión de tiempo antes de que la Comisión y los grupos de presión bancarios se salgan con la suya. Y cuando lo hagan, se permitirá a bancos, fondos de cobertura y compañías de seguros todavía un mayor control sobre las regulaciones que gobiernan sus actividades en los dos más grandes mercados financieros del mundo.

Qué podría significar todo esto

Como advierte Corporate Europe Observatory, el nuevo planteamiento en las regulaciones podría impactar en los mercados financieros y la economía en general de muchísimas maneras. Por ejemplo:

  • Se establecería un régimen de “denominador común mínimo”. Gracias a la noción de “confianza mutua/equivalencia/obediencia” , los bancos estadounidenses podrían operar en la UE siguiendo las reglas de los Estados Unidos, lo cual supone que deberían de obtener resultados más o menos similares, y viceversa. El hecho de que las normas sean más estrictas en una jurisdicción, pero que, al mismo tiempo, se permita a los bancos extranjeros operar de acuerdo con un régimen menos estricto, incrementará la presión sobre los agentes reguladores para aceptar el mínimo común denominador. De lo contrario, podría argumentarse que unas regulaciones más estrictas se traducirían en una pérdida de competitividad para las corporaciones financieras de la otra orilla del Atlántico. Si el gobierno en cuestión rehusara a ceder a las demandas de la industria financiera, las instituciones financieras afectadas podrían entonces demandar una indemnización por “pérdida de ingresos”, llevando al país a un arbitraje (leer más aquí).
  • Se socavarían los fondos de cobertura y los derivados de transparencia. Una de las propuestas de la Comisión es que las regulaciones para “ciertas transacciones” no deben cubrir a los inversores extranjeros, en particular con respecto a “inversores sofisticadas”. Esto significaría, en efecto, que no se aplicaría la regulación de transparencia sobre los fondos de cobertura a empresas de EE.UU., y que las normas estadounidenses sobre mercados derivados no se aplicarían a las empresas financieras europeas. Vale la pena señalar que el destape del mercado de derivados -que ahora se estima de un valor de más de mil billones de dólares (más de 14 veces el PIB anual de todo el mundo)- fue el detonante de la última crisis financiera mundial, de la que aún estamos lejos de recuperarnos.
  • Se restringirían las reglas de seguridad para las empresas de inversión. Investment Europe quiere acabar con las normas a nivel estatal en EE.UU. destinadas a prevenir que las compañías de seguros participen en especulaciones demasiado arriesgadas.
  • Se debilitaría la prohibición de EE.UU. sobre especulación. Los bancos de EE.UU. -incluyendo las filiales de bancos europeos- tienen prohibido hacer inversiones arriesgadas en su propio beneficio con el dinero asegurado por el gobierno federal (a menudo referido como “el mostrador de intercambio expulsado” [swap desk push-out”]). Esto ha molestado al Deutsche Bank y otros bancos alemanes, quienes que se quejan de que tal demanda es “discriminatoria” y un ejemplo de “conducta extraterritorial unilateral.”
  • Se restringiría la capacidad de los gobiernos nacionales para vigilar los mega bancos. EE.UU. está considerando requisitos de capital mayores para los bancos extranjeros, así como para los bancos nacionales. Esto ha creado un gran revuelo en el sector financiero europeo, el cual se siente más cómodo con el indulgente y bajo enfoque favorecido por las autoridades de la UE. El grupo de presión del Foro Europeo de Servicios, que incluye algunos de los bancos más grandes del continente, cree que no debería ser posible que EE.UU. declarara que un banco europeo es demasiado grande y, por tanto, necesitara capital adicional.
  • Se permitiría que los bancos fueran “tan arriesgados como Lehman“. En EE.UU. el índice de apalancamiento, que se elevó recientemente de 3 a un 5 por ciento, está orientado a garantizar que los bancos no arriesguen tanto como Lehman Brothers y que tengan fondos suficientes para los días de vacas flacas que les ayuden a sobrellevar una crisis. Por el contrario, en la UE, una proporción al mismo nivel que el que tenía Lehman Brothers antes de venirse abajo, probablemente se permitiría. Los bancos europeos siguen manifestando su preocupación por las normas estadounidenses, así como luchando duro para evitar la amenaza de un coeficiente de apalancamiento más restrictivo en Europa.

Que la Comisión Europea quiera construir un sistema de regulación que le permitiera, no sólo a los bancos de la UE sino también a los de Estados Unidos, operar en condiciones que no les resulten tan arriesgadas como las que dieron al traste con Lehman Brothers (y por extensión a la economía global) es una perfecta denuncia de cuán patéticamente poco se ha avanzado desde la última crisis financiera.

A todos los efectos, seguimos jugando al mismo juego: proteger a los bancos de todas las consecuencias de sus imprudentes acciones. Si los  últimos planes de la Comisión llegan a buen puerto, ya no será el zorro quien cuide del gallinero. En lugar de eso, el zorro habrá reclutado un montón de hienas para patrullar la valla perimetral, chacales para vigilar desde la torre de guardia y buitres para controlar los cielos. Las gallinas somos tú y yo.

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Este texto es una traducción de un articulo publicado originalmente en inglés en Wolf Street. Fue traducido por mi querido suegro, Francisco X, y editado por mi gran amiga Marta Aparicio. Mil gracias a los dos! 

Para leer mas artículos en castellano, haz clic aqui.

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One thought on “Una alianza oscura: la Unión Europea une fuerzas con Wall Street

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