La Corporatocracia Global ya es casi totalmente operacional

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17/02/2014 by Don Quijones

corporatocracy

2013 resultó ser – y parece que 2014 también será – un año frenético para los grupos de presión empresariales y defensores del libre comercio, en tanto revolotean como abejas ocupadas en polinizar las suculentas orquídeas de una conferencia mundial de libre comercio a otra. Desde la precipitada reunión pre-NAFTA, de los días pre-GATT de principios de los años noventa no han estado tan ocupados.

En octubre del año pasado los líderes mundiales de 12 países, incluyendo los EE.UU., Australia, Japón, Nueva Zelanda y México, se comprometieron a firmar el Acuerdo de Asociación Transpacífico (TPP)

En el otro lado del globo, Europa firmó un vasto acuerdo de libre comercio con Canadá. Y a pesar de todo el revuelo por las acusaciones de la NSA y el GCHQ de espiar a sus propios líderes nacionales, la mayoría de los estados miembros de la UE están decididos a asegurar que las consecuencias del escándalo no descarrilarán las negociaciones en curso para el Comercio Transatlántico y la Inversión Participativa (TTIP), tratado que efectivamente enlazaría países que reúnen cerca de la mitad del PIB mundial en una masiva zona de “libre comercio”.

Ciertamente el presidente del Parlamento Europeo, Martin Schulz, ya sugerió que podría ser necesario suspender temporalmente las negociaciones — no por no tomar en cuenta los peligros de establecer una estrecha colaboración con un país cuyas acciones recientes son una afrenta a la noción misma de la confianza mutua y la cooperación, sino más bien por temor a que las continuas negociaciones en el clima actual pudieran alimentar un sentimiento de anti-libre comercio:

“Si tales acontecimientos continúan y surgen más noticias, me temo que quienes en principio están en contra del acuerdo de libre comercio, se convertirían en mayoría”, dijo Schulz durante una cumbre de la UE. “Mi consejo es parar por un momento y discutir cómo podemos evitar tal desarrollo.”

Todo esto nos lleva a preguntarnos ¿de dónde  este repentino entusiasmo por más libre comercio? – especialmente tomando en cuenta las deficiencias ahora evidentes del TLCAN y de la propia UE? Y aún más importante ¿por qué tanto secreto? ¿Por qué nuestros líderes reconfiguran desesperadamente las superestructuras legales del comercio mundial sin siquiera consultar a sus respectivas circunscripciones electorales o incluso divulgar lo que realmente está disponible sobre la rebatiña de las negociaciones?

Después de todo, aun, según los cálculos oficiales (que, seamos sinceros, tienden a tener un fuerte sesgo hacia arriba) los beneficios económicos de los tratados comerciales serán insignificantes si es que bien les va. En el caso de la TTIP, la UE y los EE.UU. pueden esperar eventualmente -tal vez luego de diez largos años- ver un alza de unos mil millones de € para sus respectivos PIB.

Es la clase de dinero que, alguna vez, puede haber sonado impresionante o incluso realmente significar algo. Pero ya no, no desde que la Fed y el Banco de Inglaterra llevaron a la comunidad de los bancos centrales del mundo a la mayor orgía de impresión de dinero que haya registrado la historia.

Mientras tanto, en la región de Asia y el Pacífico se prevé que el TPP abra  nuevas y masivas oportunidades para las empresas, tanto grandes como pequeñas, en tanto las nuevas redes de comercio se fraguan entre algunas de las economías de más rápido crecimiento del mundo.

Sin embargo, mientras se supone que los beneficios potenciales del nuevo acuerdo comercial serán enormes, no pueden éstos todavía ser divulgados entre el público.

Como el ex representante comercial de EE.UU., Ron Kirk (ahora reemplazado por Robert Rubin protegido y anterior ejecutivo de Citigroup Michael Froman) le dijo a Reuters a principios de 2013, es demasiado pronto en las negociaciones para liberar un proyecto de texto que permita más gasto público. Pero eso no quiere decir que “no habrá un tiempo, una vez que nos hayamos puesto de acuerdo sobre el texto, en el que – como lo hemos hecho con otros acuerdos – podamos hacer eso” (es decir, mostrarlo al publico).

El mensaje no podría ser más claro: parafraseando al difunto cómico estadounidense Bill Hicks, vuelvan a la cama América, Europa, Asia y Australasia. Sus gobiernos están al mando.

La agenda verdadera

Para los pocos insomnes que permanecen despiertos, el verdadero final de juego de esta nueva era del libre comercio global (o dicho de otro modo, del proteccionismo corporativo global) está cada vez más claro. Según Andrew Gavin Marshall, estos nuevos acuerdos tienen poco que ver con el “comercio” real, y mucho que ver con la expansión de los derechos y poderes de las grandes corporaciones:

“Las corporaciones se han convertido en poderosas entidades económicas y políticas – que compiten en tamaño y riqueza con las economías nacionales más grandes del mundo – y por lo tanto han adquirido un carácter claramente ‘cosmopolítica’.”

Según una clasificación publicada por Global Trends, el 58 por ciento de las mayores 150 entidades económicas del mundo en 2012, eran corporaciones. Las cuales incluyen a las principales petroleras, gaseras y mineras, a los bancos y compañías de seguros, a los gigantes de las telecomunicaciones, y a los grandes supermercados, fabricantes de automóviles y compañías farmacéuticas.

La compañía de más alto rango en la lista, la Royal Dutch Shell, registró en el 2012 ingresos que superaron el PIB de 171 países, convirtiéndola en la vigésimo sexta entidad económica más grande del mundo. Situada por delante de Argentina y Taiwán, a pesar de emplear sólo a 90.000 personas. De hecho, los ingresos combinados de las cinco compañías petroleras más grandes (Royal Dutch Shell, ExxonMobil, BP, Sinopec y China National Petroleum) constituían el equivalente al 2.9 por ciento del PIB mundial en 2012.

¿Debería acaso sorprendernos que estas corporaciones privadas, masivamente abotagadas, todavía quisieran más para sí mismas y, por extensión, menos para nosotros? Después de todo, las ganancias perpetuas y el crecimiento de sus ingresos son su razón de ser, aquello que hace latir a sus sociópatas corazones.

“Actuando a través de asociaciones industriales, grupos de presión, think thanks y fundaciones, corporaciones cosmopolíticas, están maquinando grandes proyectos destinados a poner en sus manos… la consolidación económica y política transnacional del poder”, escribe Marshall. “Con la construcción de” ‘una zona europea-norteamericana de libre comercio’ como ‘un proyecto ambicioso’, estamos atestiguando el avance de un proyecto global nuevo y sin precedentes de la colonización corporativa transatlántica.

En la raíz de este modelo subyace la idea básica de que las ganancias empresariales y los rendimientos de los inversores deben en todo momento reemplazar todas las inquietudes que conciernen al interés público. Tal como Open Democracy  ha señalado, la solución de controversias sobre inversionistas-estatales sometidas al Comercio Transatlántico y la Inversión Participativa (TTIP) empoderarían a las empresas de la UE y de EE.UU para comprometerse en litigiosas guerras de desgaste para limitar el poder de los gobiernos en ambos lados del Atlántico:

“Miles de empresas de la UE y los Estados Unidos tienen afiliados al otro lado del Atlántico; y bajo  el TTIP podrían demandar a los inversionistas-estatales por medio de estas filiales para obligar a sus gobiernos a abstenerse de recurrir a regulaciones que no les gustan.”

En la más nauseabunda ironía, mientras que un creciente número de países están cuestionando e incluso abandonando el arbitraje de los inversores estatales globales, precisamente debido a los impactos negativos en contra del interés público, los poderosos grupos corporativos de presión, tanto en la UE como en los EE.UU. – incluyendo la Federación de Empleadores de Europa (BusinessEurope), la Cámara de Comercio Estadounidense, la Cámara de Comercio de la Unión Europea, y el Consejo Empresarial Transatlántico –, están presionando para incluir el arbitraje de los estados-inversionistas en el TTIP.

La estocada final

Al igual que con la firma del TLCAN y la creación del Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio, que se convertiría más tarde en la Organización Mundial del Comercio (OMC), no habrá absolutamente ningún tipo de consulta pública sobre las ramificaciones potenciales de esos tratados.

Y por una buena razón. Pues como el difunto Sir James Goldsmith, advirtió sobre el GATT, el TLCAN y la fusión de las naciones europeas soberanas en la Unión Europea en esta entrevista inquietantemente profética con Charlie Rose de 1994 , su aplicación dará lugar a la destrucción de millones de puestos de trabajo para la clase media y la desaparición de la agricultura tradicional (como sucedió en México), y las empresas locales. ¿Y quién en su sano juicio – aparte de, por supuesto, nuestros amos corporativos y sus sirvientes políticos – votaría alguna vez por semejante cosa?

Sin embargo, la nueva generación de tratados comerciales va mucho más allá de lo previsto por el TLCAN y el GATT. Lo que ellos en última instancia buscan es transferir lo poco que queda de nuestra soberanía nacional a los centros de operaciones de los mayores conglomerados multinacionales del mundo. En pocas palabras, es el último coup de grâce del último coup d’état. No se disparará ni un solo tiro,  y sin embargo casi todo el poder será tomado y transferido a manos privadas – y todo ello será facilitado por nuestros representantes elegidos, quienes al firmar estos tratados, estarán abdicando definitivamente de sus responsabilidades de representar y proteger los intereses de sus electores.

Como ha demostrado una reciente fuga de información de parte del documento TPP, las nuevas reglas limitarían la forma en que los gobiernos regulen actividades tales como los servicios públicos, el transporte,  el cuidado de la salud y la educación, incluyendo la restricción de las políticas destinadas a garantizar el acceso amplio o universal a esas necesidades esenciales.

Pero eso es sólo la punta del iceberg. Como Alternet informa, el nuevo tratado también:

  • Les concedería la protección de los derechos de autor a los contenidos creados por las corporaciones y por unos impresionantes 120 años! E igualmente transformaría los proveedores de servicios de Internet en una fuerza policial privada tipo Big Brother, que tendría el poder para monitorear nuestra “actividad de usuarios”, bajar arbitrariamente nuestros contenidos, y cortar nuestro acceso a Internet.
  • Les dejaría a las grandes farmacéuticas la imposición, durante más años, de precios monopólicos en cada una de sus patentes, y les permitiría bloquear la distribución de medicamentos genéricos más baratos.
  • Les quitaría a los gobiernos su autoridad para regular las exportaciones de petróleo o gas natural a cualquier nación TPP. Lo cual crearía una explosión del destructivo proceso de fracking en todo el mundo, pues los gigantes de la energía podrían exportar gas fracked desde y hacia cualquier país miembro sin ninguna revisión gubernamental sobre los impactos ambientales y económicos en las comunidades locales _o en nuestros respectivos intereses nacionales.
  • Prohibiría impuestos sobre las transacciones (tales como la propuesta Robin Hood Tax) que pararían a los especuladores que han desencadenado repetidamente crisis financieras y quiebras económicas en todo el mundo. También restringirían reformas muro-de-fuego “firewall” que separan a la banca de consumo de la banca de inversiones de riesgo, y proporcionarían un escape a las normativas nacionales que limitan el tamaño de los gigantes “demasiado grandes para quebrar”.

Vale la pena señalar que estas son meramente las propuestas que han llegado al ojo público – gracias exclusivamente a las acciones de un valiente (o como el gobierno de Obama diría, criminal) denunciante. ¿Quién puede decir qué más se está planeando a nuestras espaldas y en las salas de conferencias de algunos de los hoteles más caros del mundo?

Lo que  está claro es que la corporatocracia mundial ya es casi totalmente operacional. El tiempo sigue pasando y a menos que los pueblos de las naciones en todo el Este y el Oeste, el Norte y el Sur, comiencen a caer en la cuenta de los actos efectuados por sus gobiernos elegidos, pronto será demasiado tarde. El nuevo régimen será venerado como ley y un nuevo tipo de distopía, mostrando un parecido asombroso con el totalitarismo invertido previsto por Sheldon Wolin, nos rodeará desde todas direcciones tan lejos como el ojo todo invasivo de Big Brother pueda ver.

***

Gracias a mi querido suegro, Francisco X, por su traducción de este articulo. Si quieres leer mas artículos en castellano, haz clic aqui.

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2 thoughts on “La Corporatocracia Global ya es casi totalmente operacional

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